sábado, 26 de abril de 2008

Action-Führer no sale de la caja

FEDERICO MARÍN BELLÓN
 
Hitler está de moda. Viena acoge estos días el rodaje de «Mi lucha», una comedia disparatada en la que el joven protagonista, que ya se arregla el bigotito, aspira a convertirse en un artista y comparte habitación con dos judíos. Los visitantes del Museo en Memoria del Holocausto, en Washington, pueden ver una exposición sobre los Juegos Olímpicos de Berlín, organizados en 1936 a la mayor gloria del Tercer Reich y de la raza aria sin que las amenazas de boicot del mundo más o menos libre sonaran más alto de lo que lo hacen ahora, en los meses previos a Pekín 2008 (menos mal que Jesse Owens se hizo cargo del famoso «citius, altius, fortius»).
 
Hay otros ejemplos: el Congreso Mundial Judío protestaba anteayer contra Amazon, la mayor tienda de internet, por seguir vendiendo camisetas que llevan estampado el lema «Amo a Hitler». El modelo incluye tallas femeninas e infantiles, más que nada para evitar cualquier atisbo de discriminación. Alemania, entretanto, se plantea autorizar la venta del libro «Mi lucha» siempre que incluya las pertinentes anotaciones al margen, como admitía una de las máximas autoridades judías de aquel país. Ayer mismo también se cumplía un cuarto de siglo de los falsos diarios de Hitler con los que el semanario «Stern» hizo el ridículo editorial más célebre de la historia. La publicación pagó entonces un dineral a su autor, el coleccionista de arte Konrad Kujau, a quien por cierto le ha salido una falsa sobrina respondona que se dedica a vender dibujos de su falso tío, también falsos, por supuesto. En definitiva, por una causa o por otra, en las últimas jornadas llega a las redacciones una media de un teletipo a la hora con «el gran dictador» como protagonista.
 


 
 
Pero lo más rocambolesco de todo lo visto hasta la fecha son unos muñecos de Hitler, modelo action-man (¿recuerdan la película «Toy Story»?), retirados en Ucrania justo antes de su salida a la venta, según informa la prensa de Kiev. De aspecto poco marcial y con accesorios como unos guantes, unas gafas de sol, un abrigo y un bastón (más chapliniano que nazi), ahora el juguete podría causar furor en el mercado negro, hasta el infinito y más allá. Lo próximo quizá sea un action-führer para el coche, al estilo del Elvis que todavía mueve sus caderas en las carreteras de medio mundo, y que podría activarse cuando suene la música de Wagner en la radio. También es posible que el problema no sean las camisetas, los libros, los dibujos y los muñequitos que intentan prohibirse en todas partes, sino la cantidad de gente dispuesta a comprar cualquier cosa relacionada con aquel psicópata.
 
 
REUTERS
ABC.es

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